Para Eder, Edgar y Erick
Albina, una blanca, blanca
chihuahua (de ahí su nombre). Pasaba el día, como todos los del año,
descansando en un mullido cojín, comprado especialmente para ella. Y cuando se
aburría salía a jugar al jardín.
En el jardín había un gran árbol que se
destacaba de los demás por su tamaño y era el que había elegido Cala para
vivir. Cala era una ardilla, inquieta y preocupona, sumamente afanosa. Nunca
estaba en un lugar mucho tiempo, iba de un lado a otro recogiendo bellotas y
semillas, que coleccionaba en su árbol.
_ Cala, en buena onda,
¿por qué no descansas un rato?
_Estoy muy ocupada,
Albina. Yo tengo que buscar mi comida. No tengo alguien que se haga cargo de mi
alimento, como te pasa a ti. Si
descanso, pero no a cualquier hora del día. Todo tiene que tener un orden, un
ritmo.
_ Si, como digas Cala,
ya estas de amargosa tan temprano, mejor me voy a jugar.
Regresó a su cojín después de haberse
cansado de jugar y de estar asoleándose. Ella no tenía que preocuparse por
dónde dormir. Por tener que buscar comida. Su dueño se encargaba de eso
siempre. Ella sólo se divertía.
Sin
imaginarse que a poca distancia de donde estaba, algo pasaba. Su vida daría un
giro muy grande.
Su dueño, había tenido un accidente y
ahora todo quedaba en manos de los
familiares. La casa empezó a llenarse de gente nueva y algunas de ellas no
veían con buenos ojos a Albina. Todo empezó a cambiar paulatinamente. Ella
tenía en ocasiones que ladrar para decirles que quería comer, (nadie le
ponía atención), a veces ni siquiera agua tenía en sus platos. Antes impecables
y rebosantes de comida, ahora lucían siempre sucios y olvidados.
Albina ya pasaba casi todo el tiempo fuera
de la casa. Ya no se le permitió entrar a descansar en los sillones de su amo,
que a ella le gustaba mucho. Incluso llegó el día, que las noches también las tuvo que pasar
afuera. Se le veía triste y un poco más flaca.
Cala corría por unas nueces cerca de donde
estaba Albina, y se detiene a saludarla.
--
¿Cómo estás Albina?, no te ves muy bien.
-- ¿Y cómo estarlo?,
desde que mi dueño ya no está aquí, nadie me pone atención. No tengo comida,
les tengo que decir que estoy hambrienta. Y en ocasiones hasta me ignoran.
Antier sacaron el cojín de la casa y ahora tengo que dormir afuera. Paso frío,
ya tiene mucho que no me dan un baño.
--Ya ves Albina, yo te decía, estas muy
acostumbrada a depender de alguien más y no aprendes a buscar las cosas por ti
misma. Ahora las cosas cambiaron, y no sabes hacer nada por ti.
Albina
no dijo nada, sólo asintió
tristemente, mirando el horizonte que se le presentaba.
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