domingo, 24 de noviembre de 2013

Albina

Para Eder, Edgar y Erick


Albina, una blanca, blanca chihuahua (de ahí su nombre). Pasaba el día, como todos los del año, descansando en un mullido cojín, comprado especialmente para ella. Y cuando se aburría salía a jugar al jardín.
     En el jardín había un gran árbol que se destacaba de los demás por su tamaño y era el que había elegido Cala para vivir. Cala era una ardilla, inquieta y preocupona, sumamente afanosa. Nunca estaba en un lugar mucho tiempo, iba de un lado a otro recogiendo bellotas y semillas, que coleccionaba en su árbol.
_ Cala, en buena onda, ¿por qué no descansas un rato?
_Estoy muy ocupada, Albina. Yo tengo que buscar mi comida. No tengo alguien que se haga cargo de mi alimento, como te pasa a ti.  Si descanso, pero no a cualquier hora del día. Todo tiene que tener un orden, un ritmo.
_ Si, como digas Cala, ya estas de amargosa tan temprano, mejor me voy a jugar.
     Regresó a su cojín después de haberse cansado de jugar y de estar asoleándose. Ella no tenía que preocuparse por dónde dormir. Por tener que buscar comida. Su dueño se encargaba de eso siempre. Ella sólo se divertía.
      Sin imaginarse que a poca distancia de donde estaba, algo pasaba. Su vida daría un giro muy grande.
     Su dueño, había tenido un accidente y ahora  todo quedaba en manos de los familiares. La casa empezó a llenarse de gente nueva y algunas de ellas no veían con buenos ojos a Albina. Todo empezó a cambiar paulatinamente. Ella tenía en ocasiones que ladrar para decirles que quería comer, (nadie le ponía atención), a veces ni siquiera agua tenía en sus platos. Antes impecables y rebosantes de comida, ahora lucían siempre  sucios y olvidados.
     Albina ya pasaba casi todo el tiempo fuera de la casa. Ya no se le permitió entrar a descansar en los sillones de su amo, que a ella le gustaba mucho. Incluso llegó el día,  que las noches también las tuvo que pasar afuera. Se le veía triste y un poco más flaca.
     Cala corría por unas nueces cerca de donde estaba Albina, y se detiene a saludarla.
   -- ¿Cómo estás Albina?, no te ves  muy bien.
-- ¿Y cómo estarlo?, desde que mi dueño ya no está aquí, nadie me pone atención. No tengo comida, les tengo que decir que estoy hambrienta. Y en ocasiones hasta me ignoran. Antier sacaron el cojín de la casa y ahora tengo que dormir afuera. Paso frío, ya tiene mucho que no me dan un baño.
 --Ya ves Albina, yo te decía, estas muy acostumbrada a depender de alguien más y no aprendes a buscar las cosas por ti misma. Ahora las cosas cambiaron, y no sabes hacer nada por ti.
     Albina  no dijo nada, sólo asintió  tristemente, mirando el horizonte que se le presentaba.


No hay comentarios:

Publicar un comentario