miércoles, 5 de junio de 2013

Grecia por Haydée Terán

Una lágrima estropeaba su maquillaje, y una espina en su corazón,  al ver una pareja  besarse. Ella nunca había sentido eso. Lo que está más allá de lo que se ve.  Y por sus adentros lo ansiaba.  Lo más cercano fue una caricia grotesca y rasposa con sabor a alcohol barato y cigarro. Sentada en una banca le amaneció a Grecia,  así se hacía llamar. Ella había elegido el nombre, cuando por primera vez vio, una isla  en una propaganda turística de un hotel, la llevaba consigo como su más preciado tesoro. Se había convertido en su refugio mental, donde se escapaba para no sentir, para olvidar, para  poder escapar de aquel mundo donde nació mujer y nació pobre, en una comunidad donde eso no es lo que más se valora.
         Había sido vendida por un cartón cervezas la primera vez, su  padre, el mercader. Ella junto con otras,  apenas dejando de ser niñas,  viajó hacia una ciudad más grande y cosmopolita, irónicamente para vivir en un cuarto,  donde ni las ideas le cabían. Tenían más que ver,  pero menos que merecer.  Las cosas después no mejoraron, fue pasando de mano en mano, como si no tuviera voz, ni valor, ni razón. Algunas  veces, cuando mejor le iba, sentía la pasión del desprecio, de dejarla como un desecho, despojándose de la culpa para dejársela a ella junto con su eyaculación.

          Aprendió a cargar con esas culpas, la de ella y la de ellos. Eran grilletes que le alejaban más de su fallida independencia. De sus sueños de volar, de poder conocer algún día su Grecia.
          Tratando de poder conseguir su sueño, se arriesgó un poco más, empezó a tener clientes  a escondidas, para quedarse con un poco de su trabajo.  Conocía de sobra el riesgo, sobre todo el castigo. El ansia de quitarse esa vida, como lo hacía con la ropa, era lo único en que podía pensar, que la mantenía viva. Esa vida,  aún corta pero ella se sentía muy vieja. Demasiado vivida, mal vivida para su edad.
         Se acercó un tipo, de mejor aspecto y vestimenta a los que con frecuencia veía.  Se acomodó su breve atuendo y arregló un poco el maquillaje, limpiándose los ojos un tanto llorosos. Se acercó en un tono seductor y lo convenció. Se fue con él, más lejos de su seguridad, pero ya no le importaba, nunca había sentido tan segura, ahora que se aferraba a algo que realmente le sabía, que sentía más cerca que nunca.

           Estaba tan ansiosa de probar una libertad que se le ofrecía y  sentía excitada,  fue tocando la vida, acariciándola como si la descubriera, en el cuerpo de su compañero y se le iba en cada caricia.  Como preparándose a  lo que les esperaba, justo  estar en el mejor momento de su vida. Un parpadeo, un instante. Unas luces cegadoras, de frente, embistiéndolos, tirándolos lejos.  Grecia, era libre, para conocer, para volar,  a la isla o a cualquier lugar que quisiera llegar, de alguna manera lo había logrado.

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